La semana pasada volví de Ciudad de México después de varios días especialmente intensos. Fui al Congreso Latinoamericano de Gerencias Legales 2026 desde un lugar bastante particular: como parte de PASBBA, donde lidero la práctica internacional, y también muy involucrada en el desarrollo de B-CONEX LATAM, firma transnacional regional de la que PASBBA es socia fundadora.
Lo que inicialmente iba a ser una agenda concentrada en el Congreso terminó extendiéndose bastante más: tres jornadas de actividades, un Foro de Socios de Firmas Legales, nuestro encuentro de B-CONEX LATAM, reuniones con clientes y colegas y, hacia el final del viaje, un desayuno de Abogadas Influyentes en Latam y varias conversaciones que continuaron durante el fin de semana.
El primer día estuvo dedicado a pensar hacia dónde va nuestra industria. Hubo discusiones sobre inteligencia artificial, innovación, nuevas competencias profesionales, comunidades y nuevas formas de ejercer la profesión, atravesadas por realidades muy distintas según la industria, el país y el nivel de madurez de cada organización.
Una de las ideas que más se reiteró fue que la transformación legal no puede reducirse a incorporar tecnología. La tecnología puede permitirnos trabajar mejor y más rápido, pero la verdadera discusión empieza después: ¿qué hacemos con esa eficiencia?, ¿qué valor queremos aportar?, ¿a quiénes?, ¿qué debería seguir haciendo un abogado / asesor y qué deberíamos empezar a hacer de otra manera?
Al día siguiente, en el Foro de Socios de Firmas Legales, esa conversación se volvió todavía más concreta y, por qué no, interpelante. Hoy los clientes esperan mucho más que una respuesta técnicamente correcta: esperan velocidad, comprensión del negocio, capacidad de anticipación, eficiencia y asesores capaces de entender el problema completo, a la vez que brindan una respuesta única e integral. Los clientes cada vez preguntan más cómo utilizamos tecnología, qué impacto tiene sobre el servicio y cómo esas eficiencias se trasladan también a la relación profesional.
Entonces, la conclusión parece evidente: si nuestros clientes están cambiando, las firmas necesariamente tenemos que cambiar con ellos.
Eso obliga a revisar algunas cosas que durante años dimos por sentadas. Si determinadas tareas pueden hacerse más rápido, tenemos que preguntarnos qué estamos cobrando realmente: ¿tiempo o valor? Si la información está cada vez más disponible, ¿dónde está nuestro diferencial? Si los equipos internos del cliente tienen una mirada cada vez más estratégica, ¿cómo debemos evolucionar quienes los asesoramos desde afuera?
Hasta ahí, podría parecer que el desafío consiste simplemente en modernizar el modelo tradicional de firma. No obstante, para mí apareció otra dimensión, muy vinculada además con el trabajo que hacemos todos los días: si los negocios de nuestros clientes son cada vez más regionales, ¿por qué seguimos organizando buena parte de los servicios legales como si sus problemas se encapsularan dentro de fronteras geográficas?
Una empresa que se expande en América Latina no piensa su negocio en compartimentos estancos: una adquisición de empresas, una reorganización empresarial, un proyecto, una plataforma tecnológica o una estrategia de compliance pueden involucrar simultáneamente aspectos societarios, fiscales, laborales, regulatorios y comerciales en varios países.
Para el cliente es un solo proyecto, buscando un solo resultado. Sin embargo, las firmas legales suelen presentarle soluciones parciales, con la visión de cada jurisdicción, e involucrando varios equipos distintos que no conversan entre sí.
Esa tensión fue, justamente, una de las razones por las que me resultó especialmente interesante vivir este Congreso también desde B-CONEX LATAM. Fuimos a México colegas de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, junto con asociados de varias jurisdicciones aliadas, y comprobamos cuánto cambia la forma de trabajar cuando existe confianza real entre los equipos.
B-CONEX LATAM nació justamente para intentar resolver ese problema: que el cliente pueda recibir una respuesta regional coordinada sin perder la profundidad del conocimiento local. Compartimos conocimiento, oportunidades y equipos de trabajo, preservando la identidad y especialización de cada firma, pero evitando que el cliente tenga que ensamblar por sí mismo distintas respuestas nacionales.
Desde PASBBA, y particularmente desde la práctica internacional que me toca liderar, esa lógica se extiende además hacia Europa y Estados Unidos, en un proceso constante de dar más y mejores servicios, aprendiendo a colaborar de una manera mucho más profunda.
Para nosotros, B-CONEX LATAM es parte de esa respuesta, donde estamos construyendo una forma de trabajar que se parece cada vez más a la forma en que nuestros clientes hacen negocios. Después de una semana escuchando a gerentes legales, socios de firmas y profesionales de toda la región, volví de México bastante convencida de que ese es un camino que vale la pena seguir profundizando.


