¿Qué ocurre cuando un acuerdo comercial deja de ser un titular novedoso y empieza a implementarse y medirse en contenedores, productos y volumen?
Esa es la pregunta que nos dejan los primeros meses de vigencia provisional del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que rige desde el 1 de mayo de 2026. Los números son alentadores: entre mayo y agosto, las exportaciones agroindustriales argentinas a la UE sumaron USD 1.922 millones, un 21% por encima del promedio de los tres años anteriores, y los productos con desgravación crecieron 44%. La carne bovina argentina registró un incremento de 50% , y también crecieron fuertemente los productos pesqueros, cítricos, ovinos, alimentos para animales y apícolas (la miel prácticamente duplicó los volúmenes respecto a 2025).
Sin embargo, independientemente del crecimiento general, puede apreciarse una realidad desigual entre los cuatro socios del bloque: mientras Argentina y Uruguay están aprovechando especialmente el espacio agroindustrial, Paraguay se consolida en dicho mercado su presencia, Brasil, pese a ser la mayor economía y el principal productor de carne del MERCOSUR, enfrenta una barrera sanitaria que golpea precisamente a uno de sus productos estratégicos: la carne bovina.
De la firma a la gestión
El acuerdo eliminó más del 90% de los aranceles entre ambos bloques, con una desgravación gradual de 7 a 18 años según el sector. Algunos productos pasaron a 0% de inmediato; otros dependen de cuotas. No obstante, allí aparece el primer desafío práctico: las cuotas se asignan entre exportadores según reglas locales, y ya hay rubros que agotaron o casi agotaron su cupo, como los huevos, y otros, como la miel, que superaron el 70%, en un contexto donde obtiene el beneficio “el que primero llega”.
De modo que la pregunta clave ya no consiste en “¿cuál es el arancel?”, sino en “¿cómo accedo al cupo, con qué documentación y en qué plazos?”.
La letra chica: cumplir para acceder
La rebaja arancelaria no es automática, y el ingreso de productos a la Unión Europea debe cumplir con la totalidad de estándares regulatorios exigidos por dicho bloque, como vimos con la carne bovina y las restricciones para Brasil. De hecho, según las fuentes consultadas, desde diciembre la UE también exigirá trazabilidad y geolocalización lote por lote para la soja, en el marco de su normativa antideforestación. Además, la Comisión Europea puede activar salvaguardas si las importaciones de productos sensibles (carne vacuna, aviar, huevos, cítricos y azúcar) suben más de 5% sobre el promedio de tres años y sus precios quedan 5% por debajo de los europeos, y habrá más controles fitosanitarios en frontera.
En otras palabras, cumplir en forma adecuada es lo que determina la posibilidad de hacer negocios, donde los requisitos ambientales y de trazabilidad también inciden directamente en el acceso al mercado.
Un desafío adicional: subir en la cadena de valor
El crecimiento de las exportaciones globales del Mercosur demuestra que el mercado europeo está reaccionando en forma positiva a la aplicación provisional del acuerdo.
Sin embargo, el verdadero desafío es más complejo: transformar parte de ese aumento en una mayor presencia de manufacturas, tecnología y productos procesados. Por el momento, las primeras señales de éxito se han registro en las materias primas, pero lo interesante sería utilizar el acuerdo como plataforma para atraer inversiones, desarrollar cadenas regionales de producción y generar productos capaces de competir en mercados internacionales.
Es cierto que solo cinco meses de aplicación no permiten todavía implementar una transformación definitiva del comercio entre las dos regiones, pero los sin dudas que los primeros efectos comerciales permiten, al menos, comenzar a planificar la diversificación de la producción para generar mayor valor dentro de América del Sur.
Una mirada integrada
Desde PASBBA Internacional miramos esto con una lógica de gobernanza, riesgo y cumplimiento integrados, ayudando a las empresas a planificar el acceso a cuotas y verificación de estándares regulatorios, negociar contratos con compradores europeos, y estructurar adecuadamente sus vehículos societarios para operar en el exterior.
En definitiva, aprovechar el acuerdo no significa necesariamente exportar más, sino prepararse mejor: entender qué requisitos aplican a cada producto, ordenar la documentación y construir relaciones comerciales que resistan los cambios regulatorios. En un escenario de creciente complejidad, esa capacidad puede convertirse en una verdadera ventaja competitiva.


